La Revolución Traicionada (Breve Historia de la Nomenklatura)

Por Pablo Barroso - 20 de Septiembre, 2006, 15:16, Categoría: Política

Numerosas personas se aglutinan en los muelles de Sebastopol, Odessa y Murmansk, el Ejército Rojo esta a las puertas estas ciudades y parece que la causa de los blancos se ha perdido definitivamente. Las potencias occidentales no están dispuestas a malgastar más dinero en tal empresa restauradora. A base de concesiones territoriales, el estado soviético por fin se ha asegurado la paz y es hora de comenzar a construir el socialismo. Son, los años veinte.

Pero ni los más pesimistas sospechaban que, desde el primer momento, ya durante la guerra civil, los cimientos del nuevo orden se habían colocado de forma equivocada, diferente a como estaba previsto en los planos del edificio que, con el tiempo se derrumbaría.

En efecto los tiempos eran difíciles y los enemigos múltiples, incluso en el interior. Todo ello contribuyo a que no fuese posible la convivencia inicial de varios partidos revolucionarios que propondrían al pueblo ruso para que este, mediante el poder asambleario de los soviets, decidiesese libre y democráticamente su futuro.

En consecuencia, el Partido Comunista asumió el monopolio político y pronto sus cuadros pasaron a controlar a su antojo los los soviets y las estructuras fundamentales del estado, resultando de ello una fatal fusión entre el estado y el partido-único y el fin de la democracia asamblearia.

Paralelamente a esto, la falta de técnicos y personal de administración hizo que pronto hubiese que establecer una alianza entre las clases trabajadoras por un lado y las clases medias e intelectuales por otro. Anteriormente, el propio Lenin había vaticinado ue sería inevitable establecer dicha colaboración con estas clases aludiendo entre otras cosas a la necesidad de contar con un cuerpo de "revolucionarios profesionales" que gestionase el nuevo y flamante estado.

Nadie duda de la necesidad de estos gestores para comenzar a construir el edificio del socialismo, pero pocos sospechaban que estos hombres constituían la semilla de una nueva clase social.

Pronto, estos hombres se convirtieron en los cuadros del partido y comenzaron a desplazar a la "vieja guardia", a los antiguos revolucionarios. El proceso de control del partido (y por tanto el estado  el sistema en general) se había iniciado. Lenin mismo luchó encarecidamente durante sus últimos días contra el gran problema que surgía, la burocratización de la Unión Soviética., dándose cuenta que esta representaba uno delos mayores peligros para la revolución.

El propio Lenin quiso barrer a la burocracia e impedir que se apoderase de la revolución, tras haberla encumbrado él mismo al poder pudo darse cuenta ue representaba un gran peligro para el socialismo, pero su temprana muerte le impidio realizar su objetivo.

En efecto, y tal y como marcan las leyes del materialismo dialéctico, “de su propio seno”, del de el nuevo sistema “surgira la contradicción principal cuya misión histórica será destruir a lo que le precedió”, y esto fue lo que sucedió. El confuso periodo que sucedió a la muerte de Lenin, con la amenaza exterior, la guerra mundial, la crisis de las colectivizaciones y las constantes conspiraciones palaciegas en el Kremlin, se da como resultado que durante el periodo Staliniano esta nueva clase acceda al poder definitivamente, recibiendo el nombre de “nomenklatura”.

Stalin reforzó su poder apoyándose en la nomenklatura, y esta, a su vez dividida en familias rivales que aspiraban a la hegemonía sobre las demás, pero que mantenían un corporativo sentimiento de élite y de objetivo común, terminaron de desplazar del poder durante las  purgas stalinianas a los que quedaban de los viejos revolucionarios de 1917.

Llegamos al polémico XX congreso del PCUS, el famoso “Informe Krushev” desvela los crímenes de Stalin y hace autocrítica proponiendo enderezar el rumbo de la revolución terminando con todos sus males de un plumazo.

Se restaura a las víctimas y los proscritos de periodo anterior y se proclama la libertad total de expresión y el fin del culto a la personalidad de los líderes. Si bien ninguna de las citadas medidas llega a aplicarse en su totalidad, los miembros de la nomenklatura pretenden lavar su propia imagen utilizando la figura de Stalin como chivo expiatorio ya que todos ellos eran titulares de altas responsabilidades en el aparato estatal durante aquel periodo. Los nomenklaturistas habían sobrevivido a su primera gran crisis y llegarían ahora, tras esta primera reconversión, al cenit de su poder que se prolongaría hasta principios de los 90.

En definitiva, la nomenklatura se había constituido en una nueva clase dominante y explotadora, que explotaba al proletariado y el campesinado soviético ya no mediante el control de los medios de producción y la explotación de las plusvalías, sino mediante la gestión en exclusiva de el omnipotente y omnipresente estado soviético, el cual, de esa forma perdía su función como garante de los valores que decía defender.

 

Una clase casi cerrada y endógama, que se auto-reproducía, que disfrutaba de los bienes y servicios estatales como si fuesen propios, que poseía viviendas, bienes de consumo y privilegios en general con los que el ciudadano medio soviético no podía ni soñar.

 

Como clase dominante, era necesario que esta se reforzase con una ideología dominante que justificase su poder. El marxismo y el leninismo fue dogmatizado y enclaustrado para servir a este interés convirtiéndose en un sistema avanzado de ideología dominante, superior incluso a la mentalidad capitalista pues ahora se trata de teñir de socialismo y de poder popular la realidad del sistema.

 

Con la crisis de la Unión Soviética y las reformas de la Perestroika y la Glasnost, el poder de la nomenklatura se ve seriamente amenazado al surgir otros poderes fácticos y gran parte de las familias nomenklaturistas pasan a una segunda reconversión fusionándose así a las emergentes mafias y los nuevos capitalistas. Esto suele suceder donde existe una fuerte tradición nacional o burguesa, como es el caso de Rusia y las repúblicas soviéticas de Europa.

 

El resto de los nomenklaturistas busca una salida inmovilista que preserve su poder. Esta actuación llega a su momento clave durante el golpe de estado que organizan contra Mihail Gorbachov , en un intento desesperado de restaurar el sistema previo a la reforma.

 

El fracaso del golpe desintegra a la nomenklatura inmovilista de las repúblicas europeas. Pero no sucede lo mismo en el caso de las repúblicas musulmanas.

 

En efecto, en las repúblicas musulmanas de la URSS nunca existió una burguesía nacional ni un movimiento nacionalista considerable. Estas repúblicas eran un mero apéndice administrativo de Moscú y tenían una fuerte burocracia y por consiguiente allí el poder de la nomenklatura era omnipresente.

 

No es de extrañar pues que todas las repúblicas musulmanas respaldasen el golpe de estado contra el gobierno de Gorbachov y, tras el fracaso de este, declarasen su independencia desvinculándose de su tradicional servilismo a Moscú.

Saparmyrat Nyýazow „Türkmenbaşy“

Saparmyrat Nyýazow, el megalómano presidente de Turkmenistán, es un claro ejemplo de como la nomenklatura se perpetuo bajo la bandera del nacionalismo en el mundo musulman pot-soviético.

La nomenklatura de estas repúblicas inicio pues su propio camino hacia su reconversión. A la ruptura con Moscú la sigue el colaboracionismo con los Estados Unidos y la creación de unas identidades nacionales propias.

 

Paralenemente, los máximos responsables del Soviet de la República asumen el título de Presidentes y transforman el Partido Comunista en un partido del presidente que practica un desmesurado culto a la personalidad.

 

En resumen, tras esta reconversión autóctona, la nomenklatura de las repúblicas musulmanas se mantiene en el poder hasta hoy día y, paralelamente, las familias de el resto de repúblicas de la URSS también lo hacen en gran parte aprovechándose de su posición para transformarse en nuevos capitalistas durante las privatizaciones.

 

En conclusión podemos afirmar que la pequeña burguesía rusa de principios del siglo XX ha experimentado su propio camino hacia el capitalismo en todo lo que fue el Imperio Ruso. Lideró la Revolución Bolchevique guiando al pueblo llano ruso contra el feudalismo de los zares de la misma forma que la burguesía francesa lo hizo en su momento contra los Borbones. Al igual que en Francia, se convirtió en la nueva élite y el proceso revolucionario desembocó en una sociedad capitalista liderada por ellos mismos. La polémica esta servida…

 

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